23Septiembre2017

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Luciana Salazar: "Me hubiera gustado llevar en mi vientre a la hija del hombre que amaba"

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La modelo habló por primera vez de la decisión que tomó al alquilar un vientre para ser madre y cómo repercutió en la separación con Martín Redrado

La modelo alquiló un vientre y será madre de Matilda (a quien decidió llamar así "por la tan tierna nena de la película"), los primeros días de diciembre en Miami. "Después del nacimiento, nos quedaremos un mes y medio más hasta cumplir con las vacunas y los trámites de documentación".

En una entrevista íntima, Luciana explicó cómo llegó al proceso de alquilar un vientre mientras aún estaba en pareja con el economista, de quien hoy está separada. "Después de muchas charlas, una separación (a fines de 2014) y terapia de pareja, cuando volvimos a intentarlo (en septiembre de 2015), yo me planté y le dije: 'Martín, mi deseo de ser mamá es determinante para continuar, yo no voy a pedir ni llorar en soledad'. Lo entendió y se convirtió en un deseo de pareja, una linda ilusión compartida, y en julio de 2016 decidimos congelar mis óvulos", relató la modelo en la revista Gente.

"Luli, esperame un poco más", le pidió Redrado a Salazar cuando ya la modelo sintió que las cosas no podían continuar: "La relación se desgastó demasiado, y con él mi sueño era imposible. Además, Martín está muy nómade. Ya ni los tiempos nos hubiesen coincidido. Yo no concibo una pareja si no es ciento por ciento".

La modelo también contó cómo tomó la decisión de alquilar un vientre para ser madre soltera y cuánto le costó entender que no tendría un hijo con el hombre que la acompañó durante los últimos siete años: "Nada me hubiese gustado más que llevar en mi propio vientre a la hija del hombre que amaba. Pero ante el panorama, el fin de la relación era inevitable".

"Entonces, me imaginaba embarazada, sola y sufriendo por ese amor. ¿Y si a mi bebé le pasaba algo? Jamás me hubiese perdonado que tanta angustia le hiciera daño. Además, a ese temor se sumaba el dolor de otro gran riesgo. Uno de los tantos exámenes a los que me sometí para la congelación de óvulos reveló que tendría trombofilia. Lloré tanto que debí pedir ayuda a una psicóloga para transitar la decisión".

"Martín también lo padeció, porque no estaba de acuerdo con el uso de un donante anónimo, pero sí muy enamorado. Yo debía apartarme por lo que generaría en su entorno privado y en el público. Él es demasiado conservador como para cargar con el hecho de tener una mujer que espera un hijo que no es suyo. Intentamos sostener esos días con amor, para no decir: 'No nos vemos más'. Fue terrible para ambos. Yo iba a comprar ropita para la beba llorando, y me decía a mí misma con bronca: '¡Basta, Luli! ¡Se supone que debés disfrutar este momento!'. Ya sabía que el fin estaba cerca. Tenía que separarme para ser una mamá feliz", continuó en su relato.

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